"Construye el mundo que quieres desde ti"

Emociones tabú: el miedo


"Lo que más miedo te da, es lo que te hace más fuerte una vez que lo vences"

El miedo es una emoción, tanto para humanos como animales, fundamental para la supervivencia ya que permite reconocer peligros reales y responder a ellos de manera rápida y eficaz.
Este miedo reflejo tiene dos características principales:

- Es una respuesta de alta intensidad y corta duración.
- Induce a la acción defensiva de huida, camuflaje o ataque.

A medida que el ser humano evoluciona y se aleja del instinto animal, en este reflejo instintivo se introducen una serie de elementos que cambian las emociones y las funciones que desempeñaban hasta ese momento. Es en una especie de "etapa mágica" en la que ya existe cierto aprendizaje pero en la que hay fenómenos que no pueden explicarse aún y se perciben como amenazantes, (como por ejemplo los fenómenos naturales o la oscuridad), cuando el miedo deja de ser una respuesta fisiológica adaptativa para ser un producto mental (la reacción a la amenaza es instintiva, pero el miedo se genera después de pensar lo que hubiera podido pasar o lo que podrá pasar en un futuro) y se convierte en una emoción de baja intensidad pero constante, y un rasgo permanente del carácter y la personalidad de los seres humanos.
Estos miedos pueden ser reales o imaginarios, aprendidos en el pasado y con proyección hacia el futuro, por eso tienen una gran influencia en la construcción social y mental de la humanidad. Es por esto que existen los miedos sociales, aquellos que aquejan a una sociedad en un momento determinado de su historia (una epidemia, la crisis, cambios sociales y políticos...) y los miedos familiares, específicos de un grupo familiar concreto (el miedo a la locura, al suicidio, a una enfermedad grave...).

Es normal que a lo largo de nuestra vida tengamos algún tipo de temor; se tiene miedo al fracaso, al abandono, a los cambios... y como cualquier otra emoción tiene una función evaluadora de cómo marcha nuestra vida, dándonos la oportunidad de ver la situación en que nos encontramos, los recursos que tenemos a nuestra disposición para enfrentarla y las estrategias que vamos a utilizar para cambiar lo que necesitamos para crecer y mejorar. Sin embargo, cuando el miedo se convierte en irracional y excesivamente intenso, tiene consecuencias negativas que hacen necesario el aprender a controlarlo y superarlo porque:

- Bloquea nuestras capacidades físicas y cognitivas.
- Se reduce nuestra capacidad de percibir alternativas y generar soluciones a los problemas.
- Altera nuestras relaciones interpersonales.
- Disminuye la autoestima.
- Puede generar violencia.
- Dificulta la creatividad y el desarrollo personal.
- La tensión constante altera los patrones de hambre y sueño, con lo que afecta a la salud en general.

Este tipo de miedo disfuncional es aprendido y está en la base de muchas fobias
El miedo puede manifestarse de muchas maneras, por eso, a veces es difícil identificarlo como la emoción básica que condiciona nuestro comportamiento. Es decir, unas veces puede aparecer como ansiedad, vergüenza, sentimiento de culpatristeza... pero en la mayoría de ocasiones genera una serie de reacciones:

- A nivel físico: tensión muscular, respiración entrecortada, aumento del ritmo cardíaco, entre otras.

- A nivel psicológico: estímulos neutros que se perciben como amenazantes, angustia, pensamientos negativos y paralizantes.

- A nivel conductual toda la energía se centra en contrarrestar la angustia, normalmente huyendo o evitando la situación temida.
Ese no enfrentar la situación y huir constantemente de ella, es lo que provoca conductas que se consolidan a largo plazo (miedo a hablar en público, miedo a volar...).

Es importante conocerse y saber manejar el propio miedo, ya que éste puede ser provocado desde fuera y utilizado como un elemento de dominación y control, tanto a nivel personal como social, mediante:
- Amenazas.
- Castigos o retirada de recompensas.
- Aislamiento.
- Manipulación.
- Supersticiones.

Cómo enfrentarse a los miedos:

- Para eliminar el miedo es importante saber qué lo causa y por qué está integrado en nuestra vida. Un tomar conciencia de cómo las consecuencias de nuestras acciones y decisiones determinan nuestra vida, cuáles son nuestras fortalezas, debilidades, necesidades y deseos, es lo que lleva a conocernos y saber el por qué de lo que pensamos, sentimos y actuamos.

- Aprende a diferenciar los miedos útiles y adaptativos, de los que son paralizantes. Esto solo puede hacerse al permitirte sentir el miedo en lugar de huir de él. Imagina que eres un observador externo a ti mismo. Pregúntate a qué le temes realmente, ponte en la situación temida y visualiza las consecuencias de enfrentarla. Piensa que la mayoría de las veces no hacer nada y seguir imaginando consecuencias negativas, genera mucha más angustia que enfrentar aquello que tememos.

- No te identifiques con el miedo. Tu miedo no eres tú, pero sí están en ti las falsas creencias y los pensamientos que lo alimentan. Para ello es necesario estimular el pensamiento crítico para aprender a detectarlos, enfrentarlos y desecharlos.

- Revisa lo que te dices a ti mismo: tu diálogo interno

- Actúa. Busca ayuda, aumenta tus recursos personales y las estrategias de afrontamiento.

Y como decimos siempre, si no puedes tú solo, acude a un profesional.