"Construye el mundo que quieres desde ti"

El imperativo de la felicidad (Trabajando la sombra (1))



"Sonríe, anímate, sé feliz"... seguro que habéis escuchado o leído alguna de estas afirmaciones, hoy mismo, una o varias veces. Seguro que al principio os suenan muy bien, pero más adelante sin saber por qué os desaniman o incluso os llegan a molestar. ¿De verdad si quiero ser feliz, exitoso, no caer enfermo, que no me despidan del trabajo, que las personas a las que quiero no sufran ningún percance... depende única y exclusivamente de mí?
Todos sabemos que en el fondo eso no es cierto, hay infinidad de factores que intervienen en el devenir de la vida y que no podemos controlar desde nuestra posición (un sistema económico y social, el contexto histórico, el azar...). Sin embargo, conservar o fortalecer una actitud positiva y optimista nos pone en la dirección y el ánimo adecuados para enfrentar las situaciones de manera efectiva, y que nos ayude a buscar soluciones en lugar de dejarnos ahogar en el problema. Esto no significa que el ser optimista o positivo sea el equivalente a andar todo el día, todos los días, con una sonrisa en la cara aparentando que todo está bien, que nunca pasa nada. El hecho de que se identifique la felicidad con una cualidad constante de fuerza interior y además que tenga que ser obligatoria, sean cuales sean las circunstancias, es muy peligroso ya que puede tratarse de una manipulación, otra más, a la que estamos sometidos diariamente. Si la felicidad, el éxito, la salud, etc. dependen única y exclusivamente de ti, si no lo consigues, es que lo estás haciendo mal, es que no vales, es que no sirves, no hay un lugar para ti en esa sociedad sana y feliz. Ese es el mensaje que se transmite y hay que tener cuidado con él. No es extraño que en la época en la que más se nos vende el mito de la felicidad, haya cada vez más personas deprimidas, se haya disparado el consumo de antidepresivos y, en general, haya más personas descontentas consigo mismas y con sus vidas. Si pase lo que pase crees que todo está bien siempre, te limitas a sonreír como un autómata y sigues adelante sin más, no piensas, no te planteas qué está funcionando mal, qué puedes cambiar y qué no, cuáles son tus límites y tus fortalezas, qué es necesario atender en cada momento que te equilibre de nuevo; así, sin darte cuenta te instalas en la pasividad y el conformismo, cierras los ojos a lo que sucede alrededor de ti y a lo que pasa realmente en tu interior. Por eso es necesario aprender a explorar la propia sombra antes de que surjan los verdaderos problemas.

¿Qué es la sombra? La sombra son los aspectos que menos nos gustan de nosotros mismos y que tratamos de ocultar, reprimir o negar por todos los medios (la tristeza, el miedo, la desesperanza, la ira, el egoísmo). A todos nos gusta que nos quieran y caer bien a las personas con las que nos relacionamos, por eso tendemos a crear una imagen que sea lo más agradable y adaptada posible al entorno social en el que se desarrolla nuestra vida. El problema es que cuanto más ocultamos estos rasgos, que también forman parte de nuestra persona, más crecen y se fortalecen, de manera que lo más probable es que cualquier día nos cojan por sorpresa en forma de enfermedad o algún acto incontrolable del que acabemos arrepintiéndonos. No hay que rehuir a la sombra porque es una gran maestra. Identificar sus rasgos, sentimientos y pensamientos, y averiguar qué nos quieren transmitir en cada momento, qué utilidad tienen en mi manera de entender el mundo y la forma de relacionarme con él y conmigo mismo, implica poder aprender a verme como una persona plena y completa.
No es casual que en las enseñanzas antiguas, en todos los mitos de la creación, en obras cumbres de la literatura, la filosofía y el misticismo clásico, el héroe pase por multitud de pruebas en el inframundo, en el que solo una vez que logre el conocimiento de la parte más oscura y oculta de sí mismo, puede alcanzar la luz y la gloria posterior.

"Sonríe, sé positivo, tú puedes", pues no, a veces no puedes o no quieres porque te vence el cansancio y necesitas parar; a veces necesitas hundirte en tu tristeza, ponerte la música más triste de todas las que te ponen triste y curarte a base de lágrimas el tiempo que sea necesario. No pasa nada. Eso no significa que seas una persona quejumbrosa y débil, de esas que nunca hacen nada por mejorar, que siempre andan echándole la culpa de todo a otros y se sienten cómodos en la negatividad paralizante; no, esas sí que son personas de las que huir porque lo emborronan todo y agotan, agotan muchísimo. Se trata de reclamar el espacio legítimo para vivir los distintos estados de ánimo tal y como se merecen, porque supone seguir aprendiendo, seguir conociéndose cada vez más y mejor, y reconocer con orgullo que también se es fuerte por enfrentarlos y superarlos, y volverlos a enfrentar y volverlos a superar, porque habremos comprendido que volverán, que la vida son ciclos en los que tenemos que seguir explorándonos y conociéndonos. Nos merecemos cuidar de nuestro valioso interior en toda su plenitud, porque es lo que hará que tanto en épocas favorables como en etapas complicadas de nuestra vida, seamos capaces de vivir cada circunstancia que se nos presente sin sentirnos en el infierno más denigrante ni en el paraíso definitivo.

Y como decimos siempre, si no puedes tú solo, acude a un profesional; hay muchos y muy buenos que sabrán proporcionarte las herramientas necesarias para lograr que te conozcas, te encuentres y te quieras como persona completa en tu luz y tu sombra.