"Construye el mundo que quieres desde ti"

La percepción del tiempo


Una de las sensaciones más acuciantes que nos invade cuando nos hacemos adultos, es la del paso del tiempo.
¿Por qué en la niñez los días nos parecen eternos y a medida que crecemos el tiempo parece que se nos escapa entre los dedos? ¿Por qué cuando estamos a gusto el tiempo pasa más deprisa que cuando nos aburrimos? ¿Por qué los viajes de regreso se nos hacen más cortos que los de ida? ¿Por qué en una situación peligrosa el tiempo parece que se ralentiza?

Según los especialistas de las teorías de la percepción, esto se relaciona con la cantidad de información que tenemos almacenada en la memoria y la información nueva que procesamos; es decir, por los recuerdos y la novedad. Cuando somos niños la mayoría de experiencias sensoriales que vivimos son novedosas, todo es sorprendente y por eso tenemos más hechos importantes que recordar. En la madurez, la experiencia que acumulamos hace que las situaciones que nos rodean sean familiares, haya más rutinas establecidas y menos sorpresas cotidianas, y por tanto, menos situaciones que merezcan ser recordadas.
Un hecho a destacar es que existe una estrecha relación entre la percepción del tiempo y las emociones.
Otro factor a tener en cuenta que varía nuestra percepción del tiempo es la atención. Cuanto más pendientes estamos de que algo suceda, (por ejemplo, que alguien que nos interesa mucho nos llame) más lento sentiremos el paso del tiempo, y al contrario, el tiempo nos parecerá que vuela cuando estamos tan cautivados por una tarea que entramos en estado de flujo.

¿Por qué cuanto más rápido vivo, menos tiempo tengo?

Esto es muy propio de la época actual, en la que una vida plena se identifica con una vida acelerada y llena de actividades que nos dan la impresión de vivir al máximo. Esa acumulación excesiva de experiencias (tengo que aprender otro idioma, tengo que salir a correr, tengo que ir a un curso de...) que en muchas ocasiones se debe a la inercia del "tener que hacer", no nos hace sentir que aprovechamos mejor el tiempo sino todo lo contrario. Esto es así, según el sociólogo Hartmut Rosa, porque en este momento histórico en el que aunque la tecnología y el progreso nos permite desempeñar más actividades en menos tiempo (los transportes son más rapidos, las comunicaciones más eficaces...) la oferta es tan infinita, que siempre nos dará la impresión de que en realidad lo que nos perdemos supera con creces a lo que hacemos; y aunque en principio se supone que ganamos tiempo, la sensación es de que nos falta y no hacemos nada, lo que nos genera angustia, tedio y sensación de vacío.

¿Cómo podemos recuperar la sensación de "alargar el tiempo"?

Planteándonos retos que nos supongan una renovación interior y nos entusiasmen.
Aprendiendo a mirar con ojos nuevos lo cotidiano para que vuelva a sorprendernos.
En definitiva, buscando la calidad y no sólo la cantidad; tomándonos el tiempo necesario para aprender, disfrutar e integrar en la propia vida las actividades que llevamos a cabo; hacer nuestros los libros que leemos, los lugares que visitamos o las personas a las que conocemos.





Bibliografía:

"La percepción del tiempo: una revisión desde la neurociencia cognitiva". Correa, A., Lupiáñez, J. y Tudela (2006)

"Making time: why time seems to pass at different speeds and how to control it". Steve Taylor (2007)

"Aceleración social". Hartmut Rosa. (2010)