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"Lo dejo para mañana": procrastinación


Procrastinación. ¿Qué significa esta palabra tan rara? Pues ni más ni menos que perder el tiempo en tareas sin importancia mientras que se postergan aquellas que es necesario realizar, como terminar un trabajo, llamar a un familiar, acudir al médico, preparar un examen...).

No se asocia a la pereza como pudiéramos pensar, sino al perfeccionismo ( "si no lo puedo hacer perfecto, prefiero no hacerlo") y al miedo al fracaso, ya que las tareas que percibimos como más difíciles de hacer son las que ponen a prueba nuestra identidad y el cómo creemos que nos verán los demás.
Casi todos hemos caído alguna vez en la procrastinación, pero cuando esta conducta se convierte en crónica provoca un estado de frustración e insatisfacción constante, además de un profundo sentimiento de culpabilidad que empeora cada vez más la situación.

Según el autor P. Steel, la procrastinación surge por una combinación de 3 factores principalmente:

- Expectativa: es más fácil trabajar en una tarea en la que anteriormente hemos obtenido éxito que en otra en la que no. Esto provoca que anticipemos el cometer errores con lo que ni siquiera intentaremos realizar dicha tarea.
Este elemento se relaciona con la confianza en uno mismo y el optimismo. En principio se consideró que las personas con menor confianza en ellas mismas son quienes más postergan las tareas, pero los estudios revelaron todo lo contrario.

- Valoración: aquí se destaca la importancia que las tareas tienen para cada uno. Aquellas que nos resulten más pesadas serán las que se dejen para otro momento. A nadie se le escapa que ir a tomar café con un amigo siempre es una tarea más apetecible que, por ejemplo, terminar un informe estadístico.

-Tiempo: se relaciona con la impulsividad, que a su vez se traduce en escasos autocontrol y autodisciplina y una excesiva propensión a la distracción a la hora de realizar las tareas.

¿Cómo puedo solucionarlo?:

Empieza de una vez. Decídete y elige las tareas que realmente son necesarias y sirven para alcanzar tus objetivos.

Divide la tarea y realízala por partes, en el caso de que sea extensa o lleve mucho tiempo.

Crea el hábito: elige el momento del día en el que habitualmente funcionas mejor y realiza la tarea todos los días a la misma hora. Empieza con pocos minutos al principio y amplíalo conforme pasen los días (por ejemplo, si vas a escribir un relato: empieza escribiendo 15 minutos al día o 50 palabras durante la primera semana, amplía a 30 minutos o 100 palabras la siguiente y así sucesivamente). Hazlo al menos durante un mes de forma ininterrumpida, te darás cuenta de lo difícil que te resultará abandonar y de lo fácil que es fluir  una vez que has adquirido el hábito diario.
No tengas miedo al error. Aprender de las equivocaciones nos hace evolucionar.

Aprende a gestionar de manera adecuada el tiempo

Evita las distracciones. Durante el tiempo que hayas establecido para la tarea evita tener el teléfono cerca, entrar en redes sociales, dar paseos a la nevera, etc.

Visualízate con la tarea terminada con la satisfacción que esto produce.

Para un cambio de conducta es muy importante hacerse responsable de las consecuencias producidas por la postergación de las tareas. No culpabilizarse en exceso, sino ser conscientes de los problemas que causa nuestra actitud, en nosotros y en quienes nos rodean.

Podemos conseguirlo, así que manos a la obra.

Si quieres contarme tus experiencias, escríbeme a liberapsi@gmail.com