"Construye el mundo que quieres desde ti"

Mapas de talento: enriquece desde dentro tu empresa



Desde el ámbito empresarial cada vez se apuesta más por el talento de sus trabajadores. Descubrir y utilizar las habilidades de cada persona redunda en su satisfacción personal y profesional, y a la vez, beneficia enormememte a la empresa en la que se desarrolla. Contratar y formar a un empleado nuevo cuesta más que detectar las habilidades potenciales y las fortalezas de quien ya trabaja con nosotros, por eso, los departamentos de Recursos Humanos recurren a los mapas de talento y los aplican en sus empresas. 
Se trata de una herramienta muy eficaz de gestión y planificación estratégica de las necesidades de talento de una organización, que además reduce el tiempo de toma de decisiones. Mediante los mapas de talento, las empresas localizan las aptitudes de sus trabajadores y su potencial para desarrollar labores en funciones diferentes a las que realizaban anteriormente o ubicarlos en otras áreas de la empresa. Recogen la información relativa a las habilidades, motivación, aptitud y áreas a mejorar de los trabajadores, de esta manera se pueden tomar decisiones de forma eficaz y rápida, se efectúan promociones internas así como planes formativos y de desarrollo del talento. 

A la luz de lo expuesto, podríamos decir que el mapa de talento es una herramienta de doble vertiente; por un lado se controlan los movimientos internos de la organización y por otro se conoce de primera mano y en todo momento la situación de los trabajadores de la misma. El beneficio es doble ya que el empleado continuará desarrollando su talento de forma interna, (mientras las empresas pueden detectar sus necesidades de forma que pueden ayudarlo y motivarlo a crecer y mejorar) y la empresa atrae, retiene, protege e incentiva el talento para su propio éxito

¿Qué aportan los mapas de talento?
- A nivel individual, permiten detectar habilidades potenciales del trabajador así como sus carencias y desarrollar los planes de formación necesarios en cada caso.
- A nivel organizacional, permiten estudiar los movimientos internos, de forma que como se obliga a las distintas áreas que la forman a pensar estrategias y planes a largo plazo.

¿Qué beneficios tiene para las empresas?
– El empleado se siente parte de la empresa lo cual se traduce en una plantilla más estable e integrada. Los programas de coaching o desarrollo del talento son percibidos por los trabajadores como una inversión que la empresa hace en ellos con el fin de sacar su máximo potencial.
– Evitan la pérdida de motivación y el estancamiento de los empleados. Si un trabajador no encuentra su lugar en la compañía, quizá es que sus funciones no son las correctas o no ha encontrado los incentivos necesarios para estar motivado.
 Mayor rendimiento y productividad.
– Evitan desaprovechar el talento de los empleados llevando a cabo funciones en las que no pueden aportar todo su potencial ni conocimientos. 

Pasos a seguir para realizar el mapa de talento:
Definir el tipo de talento que requiere la empresa: identificar que talento es el que necesita nuestra organización. Según la cultura de empresa y los objetivos de la misma, haremos una detección de necesidades de talento para alinear a los empleados con las metas, valores, misión y visión de la empresa. 
- Descubrir el talento de los empleados: descubrir las habilidades y competencias que poseen los empleados de la organización, así como el potencial que tienen los mismos, para ello se elaborarán los planes de carrera y de desarrollo profesional necesarios para poder alcanzarlo.
Adecuación del puesto a la persona: analizar los puestos de trabajo y áreas de intervención a las personas que las desempeñen de forma más idónea. Esto implica conocer y comprender a nuestros trabajadores. 
- Elaborar planes de desarrollo del talento y supervisarlos: estos comprenden estudiar el potencial de los trabajadores, evaluar la motivación de los mismos (comprender por qué los empleados están en nuestra empresa y por qué quieren quedarse/ estudiar el absentismo y sus causas), controlar el desempeño de las tareas y proporcionar los recursos necesarios para las mismas, motivar, incentivar la participación y recompensar el esfuerzo, crear un ambiente de trabajo basado en el respeto, cultivar la ética profesional y personal. 

El factor humano es el más importante y enriquecedor de los que posee la empresa; la mejora de sus condiciones (a nivel personal, laboral, motivacional...) supone siempre crecimiento, estabilidad y una mayor rentabilidad para la empresa. 
¿Utilizas en tu organización los mapas de talento para aumentar su eficacia?
Cuéntamelo, yo te ayudo en liberapsi@gmail.com

Meditación guiada: Lugar de poder



Porque a veces necesitamos un refugio mental y espiritual en el que encontrar el sosiego y la fuerza que nos renueva, en esta ocasión os traigo una meditación guiada breve para encontrar dentro de nosotros ese lugar de poder. 

Se trata de un lugar real o imaginario que contiene en sí todas las características que quieras, o que está totalmente vacío si lo prefieres.
Una vez que lo has descubierto, lo has visualizado y hecho tuyo, podrás volver a él cada vez que lo necesites para desconectar, relajarte, buscar respuestas o inspiración.

Para empezar es importante que conozcas la respiración profunda.
Busca un momento en el que no te distraigan las cuestiones cotidianas que requieran tu atención. Procura que el ambiente sea agradable, con una temperatura moderada y luz tenue. Siéntate con la espalda recta, los brazos apoyados y los pies en el suelo.
Afloja cualquier prenda o cinturón que lleves; aunque te parezca que no aprietan, te molestarán más adelante.

Y ahora, viaja hacia ese lugar único para ti.




                                    Lugar de poder




Si quieres contarme tus experiencias con la meditación guiada, escríbeme a liberapsi@gmail.com

De rostros, máscaras y disfraces



Pasado ya el tiempo de recogimiento y reflexión vivido en la Navidad, este mes tan breve nos trae el regalo de unos días de irreverencia y desenfreno: el Carnaval.
La gente disfruta cantando y bailando, se disfraza, busca el lado más cómico y satírico de la realidad que vive, y se deja llevar. Por eso, hoy quiero hablaros sobre los disfraces y las máscaras.

La cara y el rostro

Quienes me leéis habitualmente sabéis que me gusta buscar los matices de las palabras que utilizo; en este caso, siguiendo a Carlos Castilla del Pino, la diferencia está entre "cara" y "rostro". Aunque parezcan sinónimos y se utilicen indistintamente, podemos decir que la cara está compuesta por todos los rasgos que posee nuestra fisonomía. Es estática ya que estos rasgos permanecen estables prácticamente toda nuestra vida y podemos reconocerlos en todas las etapas vitales (infancia, adolescencia, madurez...).
El rostro, sin embargo, surge de los gestos que realizamos con la cara, es la cara en movimiento y, por tanto, es versátil y cambiante, así nuestra identidad se mantiene a través de la cara, no del rostro, que puede ser muchos dependiendo de las circunstancias y personas con las que interactuamos.

Es por esta razón que no sea raro que al observamos frente al espejo nos reconozcamos sin problemas y, sin embargo, al mirar una fotografia nuestra tomada de forma espontánea o vernos en un vídeo, nos asombremos ante nuestro rostro en el momento en que quizá hablábamos con alguien, observábamos un paisaje que nos transmitía paz o escuchábamos una música que nos trajo recuerdos alegres, no estamos acostumbrados a ver nuestra cara en movimiento.

Hay un rostro para cada una de nuestras emociones, mientras nuestra cara siempre es la misma.

El maquillaje, las operaciones estéticas, la barba y el bigote... son muchas las maneras que tenemos de tratar de resaltar, ocultar, modificar, disimular o mejorar los rasgos de nuestra cara de forma que en la interacción con el otro nos sintamos más seguros. A veces la exageración en el maquillaje o la modificación artificial de nuestros rasgos (p.ejem: operaciones estéticas excesivas o mal hechas) impide la versatilidad propia del rostro presentando así la misma cara siempre, ante cualquier persona y circunstancia, sin apenas variar, presentándonos así como alguien carente de expresividad e interés.
Esto lo notamos especialmente con algunos actores que no nos transmiten absolutamente nada a pesar de su belleza o su cara perfecta.

La máscara y el disfraz

Al interactuar con otras personas no nos vemos a nosotros mismos, nuestro rostro pasa a ser por unos momentos el de la otra persona y el "leerlo" es fundamental en la comunicación porque la cara la
vemos, pero el rostro tenemos que interpretarlo, y cuanto más nos importa alguien, más importante se vuelve esa comprensión de lo que nos está transmitiendo. Por esta razón las máscaras nos fascinan tanto y nos repelen a la vez, porque suponen una contradicción. La máscara es una cara que oculta su expresión, es un rostro congelado, una emoción que permanece inmóvil, y no hay nada más inquietante que un rostro que no se puede interpretar. En estos casos, durante el proceso de comunicación, no tenemos más remedio que prestar atención al discurso, al lenguaje corporal y, sobre todo, a la mirada de nuestro interlocutor. La mirada va más allá de los ojos (párpados, cejas, entrecejo, pestañas...) y es lo más expresivo del rostro, lo que nunca engaña y nos muestra.

Hay miradas que de tan penetrantes nos paralizan o asustan; ante las miradas huidizas desconfiamos; las miradas indiscretas nos intimidan; quien sonríe con su mirada nos acoge y nos hace sentir bien; a quien oculta su mirada ante nosotros pero a su vez sí puede mirarnos, lo percibimos como agresivo o falso, no sabemos cómo nos esta mirando, aunque sabemos que lo hace, por eso tratamos de evitarlo en lo posible. Fíjate si no, cómo reaccionas cuando hablas con alguien que lleva gafas de sol y no se las quita para hablarte, ¿a qué rasgos de esa persona prestas atención? ¿te quedas mucho hablando con ella o sientes la necesidad de terminar la conversación cuanto antes?
Estas reacciones ante las miradas se observan incluso en los animales; las serpientes, por ejemplo, son capaces de inmovilizar a los pájaros con su mirada hasta que los atrapan.

Todos recordamos cuánto nos gustaba disfrazarnos cuando éramos pequeños. Piratas, hechiceros, exploradores, superhéroes... Pese a su significado de ocultación de lo que somos, el disfraz en realidad es un deseo de ser. Casi nadie se disfraza de lo contrario a lo que desea, para eso, quizá, está el día a día en el trabajo, ante la comunidad de vecinos o con los familiares. 

Es difícil ir por la vida mostrándose tal como uno es en realidad y, para eso, las máscaras (simbólicas, en este caso) tienen funciones tan bien definidas como la de ocultar nuestros defectos y proteger nuestra vulnerabilidad: ocultan las heridas de la vida y el tiempo, ocultan el miedo, la soledad, la incompetencia o la ira. Hay quien tiene la máscara tan incrustada que no puede desprenderse de ella, hay quien la odia tanto que la desprecia a cada instante aunque vuelva a ponérsela siempre. Hay personas tan hambrientas que hacen creer que ya están satisfechas. Hay quien sólo puede ser uno mismo con ella puesta. 
Hay tantas razones para portar una máscara como personas existen porque todos tenemos nuestros miedos y deseos, todos tenemos nuestras ansias de libertad.

Observa bien los disfraces y las máscaras pues ellos te dirán más de las personas que sus propias caras, ellos te ayudarán a comprender más que a juzgar. 


¿Y tú te disfrazarás estos días o te quitarás la máscara?
Cuéntamelo en liberapsi@gmail.com



En plena negociación



En la empresa, como en cualquier relación interpersonal, una de las tareas más difíciles de llevar a cabo, además de las peor entendidas, es la negociación. La mayoría de las veces al imaginarnos en esa situación lo que instintivamente sentimos es miedo, miedo a que se aprovechen de nosotros, miedo a no saber transmitir lo que queremos, miedo a que descubran nuestros puntos débiles, en definitiva, miedo a perder, y sin embargo, una buena negociación puede llegar a ser tan apasionante como una partida de ajedrez.

Uno de los obstáculos que nos encontramos a la hora de negociar es el de los prejuicios o creencias irracionales que tenemos, a veces sin saberlo (edad de los negociadores, aspecto físico, etc.); en estos casos los negociadores toman decisiones emocionales en vez de meditadas que no suelen llegar a buen puerto.

Una de las premisas de la negociación es la de dar y recibir; qué puedo perder en el proceso y a qué debo renunciar para mantenerlo. Para ello es necesario ser coherentes y tener claro qué consideramos como un buen resultado y exponerlo. Al fijar al inicio unas expectativas el resto del proceso se dirigirá a obtenerlas; si fijamos unas expectativas bajas al principio, será muy difícil subirlas luego.

Algo muy importante para llegar a acuerdos fructíferos y que nadie pierda el tiempo es que las negociaciones se lleven a cabo por las personas con autoridad suficiente como para tomar las decisiones pertinentes en el proceso, es incómodo y poco efectivo tener que paralizar el proceso continuamente para tener que consultar .

La información juega un papel muy importante: cuanto más conozcamos sobre la otra parte, más podremos construir sobre creencias compartidas, por eso, además de a las cuestiones generales es bueno prestar atención a los detalles, así mismo, hablar de forma tranquila y simpática sobre otros temas sin importancia genera un clima de familiaridad que favorece el proceso negociador.


¿Qué pasos debemos seguir para lograr una buena negociación?

- Dejar que la otra parte presente en primer lugar su propuesta. De esa manera podremos ajustar la nuestra o aceptar directamente si las condiciones son mejores de las esperadas.

- Determinar qué es negociable y qué no.

- Empezar con acuerdos de lo menos a lo más trascendente siempre es una buena estrategia. La persona más flexible en estos casos suele ser quien mejor convence.
Si somos quienes hacemos concesiones en primer lugar, es más probable que la otra parte las haga hacia nosotros en mayor medida después.

- No entrar en cuestiones emocionales negativas. Si encuentra que la otra parte es poco amable o incluso grosera y persiste en su comportamiento, considere la posibilidad de marcharse. No tenemos que demostrar nada y quizá eso pueda situarnos en una posición de poder más adelante.
En caso de llegar a un punto muerto es necesario dejar que la situación se enfríe, dar tiempo a reorganizarse o a que otra persona continúe con la negociación.

- Exponer claramente las condiciones de cada cual.

- La negociación se cierra confirmando que cada uno ha entendido el resultado y dejando claro qué pasos les corresponde a cada uno para cumplirlo a partir de ese momento.

- Asegurar que los acuerdos a los que se han llegado se consoliden. Reforzar las alianzas.

Aun teniendo en cuenta que todos los que se sientan en una mesa tienen como finalidad conseguir el mejor acuerdo para sus propios intereses, la honradez y la sinceridad son esenciales en el proceso; es importante recordar que en una buena negociación todas las partes avanzan, sienten que sus necesidades han sido satisfechas y ninguno de los negociadores se ha aprovechado de otro

La situación ideal es la de que todas las partes implicadas en la negociación consigan lo que quieren, pero si alguna de las partes se marcha del proceso negociador sin conseguirlo, es importante que entienda y acepte el motivo de ese acuerdo sin que lo tome como algo personal.


En la negociación, como en muchas otras situaciones sociales y de relación interpersonal, la comunicación (hablar en público, transmitir el mensaje de forma clara y eficaz, saber ser persuasivos sin manipular...) juega un papel de suma importancia, por eso, si lo necesitas yo puedo ayudarte en liberapsi@gmail.com

El síndrome del impostor y el pesimismo defensivo


Carreras brillantes, logros académicos, profesionalidad más que reconocida... y sin embargo siempre piensan que no están a la altura, que no son lo suficientemente buenos, que no merecen lo que han conseguido, que, en definitiva, son un fraude.

La existencia de estas bajas expectativas y las excesivas dudas sobre sí mismas frente al afrontamiento de tareas en personas con un elevado historial de éxitos es mucho más común de lo que pensamos; este hecho ha llamado la atención de los investigadores en los últimos años logrando identificar en sus estudios dos patrones de comportamiento concretos y que autores como E. Fernández y J. Bermúdez relacionan entre sí:

- El Síndrome del Impostor (Clance, 1985) Se caracteriza porque la persona que lo sufre tiene un intenso sentimiento de falsedad o de falta de autenticidad respecto a su imagen y sus logros. Tienen excesivas dudas respecto a sus habilidades y competencias, creen que los demás los sobreestiman y se preocupan por el hecho de que sean descubiertos en su mediocridad, lo que les lleva a una continua autoobservación protectora, es decir que hacen todo lo posible para evitar que los demás (a los que considera mejores y más brillantes) descubran sus escasas habilidades, inteligencia, etc.
No consideran ser merecedores de sus logros y éxitos ante los que se sienten como unos farsantes, de manera que los consideran como algo relativo a la suerte, a las circunstancias externas, al apoyo de los demás o al excesivo trabajo y no a su propio talento o inteligencia, mientras que el fracaso sí se lo atribuyen a ellos mismos.

Igual que el historial de éxitos repetidos no cambia esta percepción de sí mismos como impostores, sus expectativas negativas no acaban convirtiéndose en profecías autocumplidas ni disminuyen sus esfuerzos a la hora de abordar las tareas, sino más bien al contrario, lo que hace que se impongan objetivos y metas cada vez más elevadas, a veces, casi imposibles de alcanzar. En ocasiones sucede que esta autoexigencia mezclada con el sentimiento de no estar a la altura hace que se posterguen hasta última hora las tareas a realizar con lo que aumentan los niveles de estrés en la persona y su rendimiento decae por debajo de su verdadero potencial. 

- El Pesimismo Defensivo (Norem y Cantor, 1986). Se da cuando la persona tiene unas bajas expectativas de logro ante una situación o tarea que debe afrontar pese a su historial pasado de éxitos. Sufren una elevada ansiedad, a veces sensación de pérdida de control, y focalizan toda su atención en las dificultades y resultados negativos que pueden presentarse por muy improbables que estos sean. La percepción del posible fracaso hace que estas personas canalicen su ansiedad y preocupación hacia el aprendizaje, la planificación y una mejor gestión del tiempo con lo que obtienen un elevado rendimiento en las tareas.

En comparación con las personas optimistas (anticipan resultados positivos y se esfuerzan por lograrlos), los pesimistas defensivos presentan mayores niveles de ansiedad, estrés e insatisfacción vital, pero en menor grado que los llamados pesimistas puros, que sí suelen desistir de sus esfuerzos y terminan por abandonar las tareas.

Tanto el Pesimismo defensivo como el Síndrome del Impostor se relaciona con:
- Elevados niveles de ansiedad y estrés.
- Falta de confianza en sí mismo.
- Baja autoestima.
- Elevada frustración. 
- Sentimientos de incontrolabilidad de los resultados. 
- Bajas expectativas de logro.
- Miedo al fracaso.

A la luz de las investigaciones, la diferencia fundamental entre ambos sería que el Síndrome del Impostor muestra un comportamiento más desadaptativo y afecta más a la calidad de vida de la persona que lo sufre que el Pesimismo Defensivo. 


¿Te identificas con alguno de estos patrones de comportamiento? Cuéntamelo, puedo ayudarte a que lo superes en liberapsi@gmail.com


Actividad y Acción



Es habitual escuchar que alguien es muy activo, que se mueve mucho, que hace mucho; vosotros mismos en más de una ocasión seguro que habéis pasado todo el día corriendo, haciendo mil cosas y al acabar la jornada estáis agotados, faltos de energía, con la sensación de no tener control sobre vuestro tiempo y con la impresión de que no habéis hecho nada de provecho en realidad. ¿Realmente ese movimiento desaforado es indicativo de productividad y progreso?

La mayoría de las veces confundimos actividad con acción, parecen conceptos sinónimos pero el fondo que subyace es distinto.

La actividad es reproducción de lo ya hecho o ya sabido; es reactiva, es decir, implica una reacción a determinadas tareas o exigencias que se nos van presentando a lo largo de la jornada (contestar emails, realizar llamadas telefónicas, hacer recados...) y como tal supone que no existe libertad o decisión propia a la hora de llevarla a cabo. No es un trabajo demasiado significativo en cuanto que no hay un progreso de nuestros objetivos vitales, sino más bien un cumplimiento de lo que viene establecido desde fuera de nosotros, la identificación con lo que se espera de cada uno, con el personaje y sus propios conflictos.

Por el contrario, la acción es creación. Supone un pensamiento previo, un periodo de contemplación, reflexión y desenmascaramiento, un separar lo esencial de lo superfluo, en pos de lograr la acción verdadera que nos lleva al avance y cumplimiento de un proyecto propio. Implica un despertar de la persona en busca de su realización con lo que es un acto trascendente, no un mero trámite.

Un ejercicio interesante para saber qué tareas pertenecen al ámbito de la acción y cuáles al ámbito de la actividad es la de analizar las tareas diarias y separarlas en dos columnas, de manera que podamos planificar el tiempo que invertimos en cada una de ellas para que nos permita tanto realizar las tareas impuestas como progresar en nuestras metas personales.

Si quieres contarme tus impresiones sobre esta o cualquier otra cuestión, o necesitas mi ayuda estoy en liberapsi@gmail.com. 




(A partir de la "acción esencial" de María Zambrano)

Lo que se espera de mí



"Me gustaría poder hacer, decir, cambiar... pero si lo hago decepcionaré a todo el mundo porque no es lo que se espera de mí"... cada vez que escucho a alguien pronunciar estas palabras veo unos ojos sin brillo, un rostro triste, una postura corporal que muestra derrota.

Muchas personas sienten que si tratan de hacer lo que quieren y necesitan para sí mismas, los demás dejarán de mostrarle su aprecio o no confiarán más en ellas, con lo que siguen día tras día hipotecando su vida por mantener una imagen con la que los demás se sientan a gusto, pero mantener esta imagen, conlleva la reducción de la vida creativa y fértil, destruye las oportunidades de desarrollo, la pérdida de la propia luz, la pasión y la alegría que podría movernos a lograr lo que de verdad queremos, hasta que, finalmente, nos diluimos en el silencio y desaparecemos.

Es frecuente leer y escuchar "me han decepcionado" en lugar de "estoy decepcionada"; esto implica que aquello que me decepciona se sitúa fuera de mí, es decir, que la decepción sentida es el fruto de que se han incumplido las expectativas que yo tenía. Estas expectativas frustradas me provocan sorpresa, rabia y tristeza porque el mundo que había creado desde un juicio emitido desde mis propias necesidades y deseos ha desaparecido y tengo que reestructurarlo. Me decepciono porque no he contemplado la posibilidad de que el comportamiento de alguien o unas circunstancias determinadas sean distintas respecto a lo que yo creo que "debería ser" o lo que "yo quiero que sea".

Otro sentimiento en juego en estos casos es la confianza. Necesitamos confiar en las personas, necesitamos saber que puedo contar con un orden y una estabilidad dentro del caos que es a veces la vida, pero el que alguien busque quién es no significa que deje de ser confiable. Nos asombramos al ver cómo una persona que conocemos de toda la vida hace algo insólito, muy alejado de su línea habitual de comportamiento, sin caer en la cuenta de que esos cambios explosivos y radicales suelen ser fruto de mucho tiempo ahogando las necesidades propias frente a las de los demás, de tratar de encajar en un sitio al que no se pertenece ni se debe pertenecer.

Evidentemente, en nuestra profesión o puestos de responsabilidad tenemos unas obligaciones que necesitamos cumplir, estamos expuestos a lo que se espera de cada uno de nosotros y esa exigencia implícita nos hace mejorar y superarnos; si llamo a un técnico espero que me solucione la avería de forma rápida y eficaz, si compro un producto espero que esté en óptimas condiciones de uso, así como espero que a mí se me exija en mi labor. Eso es lógico y legítimo. Sin embargo, demasiado a menudo hay personas que sienten un exceso de responsabilidad personal respecto a otras o a su forma de comportarse (porque es la hermana mayor, porque es muy maduro para su edad, porque nunca ha dicho o hecho algo fuera de tono, porque ya no tiene edad para eso...) que no les corresponde realmente, o no responde a lo que de verdad desean, sino a lo que se espera desde fuera de ellas.

Nos pasamos la vida mirándonos en el espejo de los otros y pocas veces nos damos cuenta que ese espejo va perdiendo azogue con el tiempo y muestra una realidad deformada, un yo que ya no existe y que necesita evolucionar. Muchos de quienes nos rodean se acostumbran a que estemos siempre para ellos, de la misma manera y bajo cualquier circunstancia, independientemente de nuestra situación y necesidades de cada etapa vital. En estos casos la asertividad y la empatía juegan un papel muy importante a la hora de comunicar nuestras emociones, sentimientos y pensamientos.

Cuando empiezas a cuidarte a ti mismo en primer lugar en vez de a los demás, quien sólo te quiere con condiciones (que estés para ellos, hagas cosas por ellos, des explicaciones por todo lo que haces y dices...) desaparece. Y eso está bien, aunque resulte triste, porque dejas espacio para que llegue quien quiera estar a tu lado por ti. Si tienes que hacer y decir para que te quieran y no por quién eres, entonces cuanto más lejos estés de esas personas, mejor.

Que no te importe decepcionar a quien te quiere encerrado en sus creencias y su visión única del mundo, pero no te decepciones a ti, no abandones tus proyectos, tus ilusiones, tus cambios naturales de piel porque a los demás les parezca mal. Libérate de la piel muerta que no te deja avanzar, respira hondo y ponte en marcha cuanto antes, no te avergüences de buscar tu camino, ocupa tu lugar y construye tu vida. 

Si me necesitas para esta o cualquier otra cuestión que te preocupe, ya sabes que estoy en liberapsi@gmail.com